La frase del título la escuche hace algunos años de una persona que admiro y fue mi jefe en una institución pública.

Vengo de una familia orgullosamente chiapaneca, de la costa de este hermoso estado donde la actividad ganadera es predominante y la académica es limitada y durante la juventud de mi padre mucho más. Me imagino que no fueron tiempos fáciles viviendo en la Ciudad de México, pues él pertenece a una generación de tiempos difíciles, la “generación del 68”. Hoy sé que pudieron pasar mil cosas en su camino, que pudieron impedir que culminara sus estudios; sin embargo, y pese a todas esas dificultades, el día 17 de septiembre de 1971 se graduó como técnico en Refrigeración y Aire Acondicionado.

Creo que el momento de decidir estudiar una carrera no es fácil, porque vienen a la mente muchas preguntas, algunas sin respuesta, como: ¿me gustará la carrera?, ¿podré terminarla?, ¿dónde debo estudiarla?, eran muchas preguntas para mí; pero las resolví un paso a la vez. Primero asumí que debía estudiar una carrera en la que pudiera ayudar a los demás, la Licenciatura en Derecho, y tenía que seleccionar dónde estudiarla. Recuerdo que mi papá me llevó a la Autónoma de mi estado, pero se ubicaba en otro municipio, en San Cristóbal de las Casas, yo creo que mi padre se vio reflejado en mí.

También me llevó a ver universidades privadas y encontramos la que sería mi Alma Mater, la Universidad Valle del Grijalva, aún recuerdo cuando llegamos y me explicaron el Plan de Estudios; algo que me llamó la atención fue que podía acceder a una beca, si alcanzaba un promedio específico; yo veía que mi padre se desgastaba luchando todos los días para sacar adelante la carrera de mi hermana y ahora la mía; sin embargo, hicimos un trato, él pagaría la escuela y yo buscaría un promedio para la beca y así fue, en el siguiente semestre alcancé el promedio y obtuve mi beca, que agradezco porque sin ella no hubiera concluido mis estudios.

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El 31 de enero del año 2001 me gradúe como Licenciada en Derecho, mi padre me dijo: “lo que tú quieras hacer de aquí en adelante, es cosa tuya”. Yo, como toda recién graduada, no las entendí, me dediqué a trabajar durante 11 años y me empolvé; durante ese tiempo pensé que lo sabía todo, pero en realidad no sabía nada de la vida, hasta que un día me di cuenta de que me había apartado de mi objetivo, no estaba ayudando a la gente ni yo misma me estaba ayudando, por lo que debía buscar un trabajo mejor y no me lo dieron por no estar preparada, tenía experiencia, pero no un posgrado.

LA DECISIÓN DE ESTUDIAR UN POSGRADO

Fue entonces que decidí estudiar una Maestría. El primer día de clases escuché: “una vez que concluya la Maestría usted va a cambiar hasta en su forma de caminar”. Parecía mentira, pero así fue, no es lo mismo una Licenciatura a una Maestría.

Antes de concluir la Maestría en Proceso Penal Acusatorio (Juicios Orales) en 2014, hice mi primera certificación en temas de Sistema Penal Acusatorio, lo que me permitió impartir cátedra en Chiapas, Tabasco y Guanajuato; al siguiente año, con dos certificaciones más, impartí clases en Tapachula, Morelia, Villahermosa, Colima, Ciudad de Carmen, Campeche, Playa del Carmen, Coatzacoalcos, el puerto de Veracruz, Oaxaca, Chilpancingo y otros lugares. E impartido clases a policías, agentes del Ministerio Público, jueces y defensores. No me aparté de mi objetivo como litigante durante seis años, ayudé a gente inocente a salir de sus problemas jurídicos penales.

Después realicé un Doctorado en lo que es mi pasión: el Derecho Procesal, y mi vida volvió a cambiar; actualmente tengo un trabajo que me llena de mucha satisfacción porque a través de él ayudo a más gente, soy Fiscal del Ministerio Público Federal adscrita a la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción, aporto mi granito de arena para combatir este mal, procurando que los recursos y programas del gobierno lleguen a más gente.

Y actualmente estoy pensando en mi siguiente Maestría; pero antes de despedirme, les dejo una pregunta: ¿qué ejemplo quieres dejar en este mundo?

Agradecemos a la Doctora Erika Luvia Farfán Flores, docente de UVG Tuxtla, por la elaboración de este artículo.